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<disp-quote>
  <p><bold>LA SUPERVISIÓN DEL SUPERIOR JERÁRQUICO</bold></p>
  <p><bold>EN LA POLICÍA MEXICANA</bold></p>
</disp-quote>
<p><bold>Mauricio López Alvarado</bold></p>
<p>Mauricio López Alvarado, PhD em Ciências Sociais pela Universidade de
Utrecht (Holanda), é Professor Pesquisador Sênior vinculado ao
Departamento de Estudos Sócio-Urbanos do Centro Universitário de
Ciências Sociais e Humanas da Universidade de Guadalajara.</p>
<p><bold>País:</bold> México <bold>Cidade:</bold> Guadalajara,
Jalisco</p>
<p><bold>Email:</bold> mauricio.lalvarado@academicos.udg.mx</p>
<p><bold>Orcid:</bold>
<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/">https://orcid.org/</ext-link>0000-0001-6559-969X</p>
<p></p>
<p><bold>José Julio Arizaga Rodarte</bold></p>
<p>Nací el 30 de marzo de 1971 en Baja California México. Desde 1990
ingresé a la fuerza pública y actualmente soy policía primero de
Guadalajara y licenciado en historia. Mi tesis trata sobre los origenes
de la Policía de Guadalajara y actualmente imparto la materia de ética
policial en la Academia de formación y profesionalización policial,
asignado al área de Doctrina Policial. Realizo una investigación sobre
la seguridad pública en el siglo XIX y soy el cronista oficial de la
Comisaria de Seguridad de Guadalajara</p>
<p></p>
<p><bold>País:</bold> México <bold>Cidade:</bold> SAN PEDRO
TLAQUEPAQUE</p>
<p><bold>Email:</bold> <email>julio.78rodarte@hotmail.com</email></p>
<p><bold>Orcid:</bold>
<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/">https://orcid.org/</ext-link>0000-0003-4820-9260</p>
<p></p>
<p><bold>Contribuições dos autores:</bold> A contribuição se resume na
análise dos dados qualitativos e quantitativos utilizados no artigo, bem
como na participação de sua redação.</p>
<p>RESUMEN:</p>
<p>Este artículo analiza las posibilidades que tiene el superior
jerárquico policial de supervisar y sancionar la mala conducta de sus
subordinados a cargo. Se argumenta que la existencia de un entorno de
constante cambios de titulares de la cadena de mando favorece tanto la
toma de la institución policial por actores legales e ilegales, como la
emergencia de un estado de incertidumbre sobre cómo quedará conformada
la cadena de mando en cada cambio de jefe policial, lo que favorece en
los superiores jerárquicos actitudes y disposiciones de tolerancia hacia
la mala conducta de sus subordinados.</p>
<p>PALABRAS CLAVE:</p>
<p>Supervisión, superior jerárquico, mando, mala conducta, cargo,
incertidumbre.</p>
<p><bold>The supervision of the hierarchical superior in the Mexican
police</bold></p>
<p>ABSTRACT</p>
<p>This article analyzes the possibilities that the police hierarchical
superior has to supervise and punish the misconduct of his subordinates
in charge. It is argued that the existence of an environment of constant
changes of chain of command holders favors both the taking of the police
institution by legal and illegal actors, and the emergence of a state of
uncertainty about how the chain of command will be shaped in each change
of police chief, which favors in the hierarchical superiors attitudes
and dispositions of tolerance towards the bad conduct of their
subordinates.</p>
<p><bold>Key Words:</bold> Supervision, superior, command, misconduct,
position, uncertainty.</p>
<p>Data de Recebimento: 17/05/2020 Data de Aceite: 22/09/2020</p>
<p>DOI: 10.31060/rbsp.2022.v.16.n2.1314</p>
<disp-quote>
  <p><bold>LA SUPERVISIÓN DEL SUPERIOR JERÁRQUICO EN LA POLICÍA
  MEXICANA</bold></p>
</disp-quote>
<p><bold>Introducción</bold></p>
<p>Al grito de “¡no me cuidan, me violan!”, el 16 de agosto de 2019,
cientos de personas marcharon en varias ciudades mexicanas para exigir
que se investigaran las denuncias contra policías que habían agredido a
mujeres en las últimas semanas y, en particular, para pedir la
destitución de cuatro policías acusados de haber cometido el delito de
violación en contra de una menor de edad en la ciudad de México. La
indignación social era mayúscula no sólo porque el gobierno no daba
muestras claras de investigar y castigar a los señalados, sino también
porque desde la Procuraduría General de Justicia se filtró la
información personal de la menor de edad violada, lo que provocó que sus
familiares desistieran de continuar con el caso al haber perdido su
confianza en las autoridades.<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> En
este contexto y ante las acusaciones contra varios agentes de la
institución, Jesús Orta Martínez, entonces Secretario de Seguridad
Ciudadana de la ciudad de México, aludía responsabilidad por parte de
los superiores jerárquicos, ya que “hay una cadena jerárquica de mando
que tiene que estar supervisando a los elementos que tiene a su mando de
manera inmediata”.<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref></p>
<p>Quizá no haya un consenso social y político más amplio en torno a que
el principal problema que enfrentan las corporaciones policiales en el
país sea la calidad de sus recursos
humanos.<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> Los contubernios entre
mandos y subordinados, realizando diversos crímenes, y vinculados con
organizaciones delictivas, han sido denunciados constantemente en las
últimas dos décadas por autoridades de gobierno y periodistas. La guerra
contra el narcotráfico, declarada en el año de 2006 por el entonces
presidente Felipe Calderón (2006-2012), impulsó la infiltración de
muchos criminales en las instituciones policiales y evidenció más que
nunca su debilidad para evitar la toma de puestos de mando.</p>
<p>Sin embargo, hay pocos análisis sobre los mecanismos de supervisión
de la conducta policial y aun menos sobre la forma en que se ejerce la
supervisión por los superiores jerárquicos. Esto a pesar de que son los
propios mandos los que pueden corregir, a través de sanciones, la mala
conducta de sus subordinados y son los que tienen un contacto próximo y
cotidiano con ellos. Por ello, algunos especialistas consideran la
supervisión de los superiores jerárquicos como el control interno de la
conducta policial más sólido que puede llegar a tener una institución
policial (Loubet del Bayle, 1998), pero también, de ser inefectivo, como
el área de más difícil tratamiento para disminuir la corrupción policial
(Alvarado, 2012).</p>
<p>El presente documento busca dar una explicación al porqué la
supervisión del superior jerárquico presenta debilidades. Para ello, nos
centramos en los procesos institucionales a través de los cuales se
asignan los puestos de mando y en las diferencias de autoridad entre
niveles de mando que dan entrada, según observamos, a una supervisión
laxa.</p>
<p>En parte de la literatura policial, las deficiencias de la
supervisión interna han buscado ser explicadas a partir de los intereses
personales de los policías en servicio bajo un entorno de oportunidades
derivado de las características propias del trabajo policial y de la
debilidad institucional (Sabet, 2012). También, desde los rasgos propios
de una subcultura laboral, donde se comparten significados y prácticas
informales basados en la necesidad de cuidarse mutuamente ante los
riesgos propios de la profesión, se explica que los superiores
jerárquicos tiendan a hacerse de la vista gorda ante ciertas faltas y
conductas ilegales de sus subordinados y colegas (Azaola, 2006 y Suárez,
2006).</p>
<p>Por otra parte, en las últimas décadas, y en un contexto de reformas
policiales que buscan mejorar las organizaciones policiales, ha imperado
la versión de que la mala supervisión tiene sus raíces al exterior de la
institución, sobre todo por el poder de fuego y económico del crimen
organizado que obliga a la cadena de mando a no ejercer supervisión
sobre ciertas actividades ilícitas y sobre policías cómplices (Bailey,
2014).</p>
<p>A estas explicaciones, el presente artículo agrega una más: el efecto
que sobre la supervisión interna tiene la prerrogativa de las
autoridades de gobierno para poner y quitar a los titulares de los
puestos de la cadena de mando. En particular, observamos el contexto de
alta incertidumbre por parte de los superiores jerárquicos sobre la
duración de sus cargos y sobre cómo quedará conformada la estructura de
mando cuando ellos dejen sus puestos.</p>
<p>Como intentaremos demostrar, en las corporaciones policiales del país
existen policías con grados superiores que no tienen puestos de mando y
policías con los grados más bajos de la jerarquía de autoridad que se
encuentran habilitados en puestos superiores por un corto periodo de
tiempo. Aquí argumentamos que la supervisión es difícil de generarse en
un contexto donde existe la incertidumbre sobre cuánto tiempo los
superiores jerárquicos con mando se mantendrán en sus puestos y sobre
quiénes ocuparán en el futuro cargos con poder de mando.</p>
<p>Nuestros argumentos están basados en el estudio de caso de la Policía
Municipal de Guadalajara (PMG) la que con más de 2,500 policías es la
más grande institución policial del Estado de Jalisco y una de las más
grandes de las poco más de 1,800 policías municipales existentes en el
país.<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> La investigación empírica,
realizada en diferentes periodos que van de los años 2010 al 2018,
consistió en más de cincuenta entrevistas en profundidad con oficiales
de policía de diferentes rangos, numerosas conversaciones informales,
observación participante y reuniones oficiales. Cabe destacar también
que parte de los datos que se utilizan en el presente artículo fueron
extraídos de dos “órdenes del día”, uno correspondiente a la última
semana de la administración municipal priista saliente, septiembre de
2015, y otro de la primera semana de febrero del 2016, correspondiente a
la administración municipal entrante del partido Movimiento
Ciudadano.<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref></p>
<p>El “orden del día” informa sobre los policías (con sus grados y
nombres) que en el día en que se emite tal documento estarán a cargo de
los puestos de mando. Su análisis nos permite, entre otras cosas, dar
cuenta de la cantidad de policías que son habilitados para cumplir una
función mayor a la que su grado determina, lo cual a su vez nos permite
dimensionar las posibilidades que tienen los superiores jerárquicos para
supervisar la conducta de los subordinados.</p>
<p><bold>La naturaleza política del puesto de jefe policial</bold></p>
<p>Algunos estudiosos de la alternancia política en
México,<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> afirman que antes de que
esta empezara a tener lugar había cierta estabilidad en la asignación de
los puestos de gobierno, ya que éstos eran entregados a miembros del
PRI, de manera centralizada por el ejecutivo, quien daba unidad y
estabilidad a las instituciones y a los cargos gubernamentales:</p>
<disp-quote>
  <p>A partir de la década de los ochenta México ha vivido un creciente
  proceso de apertura política. Hasta antes de este periodo, el control
  político emanado del presidencialismo en México había sido mucho más
  fuerte; ello se demostraba, por ejemplo, en el ámbito de los aparatos
  de control como la recién mencionada Dirección Federal de Seguridad.
  Dicho control era promovido también por las organizaciones
  corporativas del Partido Revolucionario Institucional; se ejercía
  fundamentalmente gracias a que la mayor parte de los funcionarios
  públicos, de todos los niveles, pertenecían a este partido político.
  De esta manera, la gran mayoría de los funcionarios de seguridad
  pública estaban de una u otra manera supeditados a este partido
  político (González et al, 1994:88).</p>
</disp-quote>
<p>La unidad partidista funcionaba como un blindaje que evitaba la toma
de los puestos públicos por individuos externos al partido. En el caso
de la institución que nos ocupa (la Policía), la alternancia política,
iniciada en los años noventa, rompió tal blindaje al posibilitar el
ingreso de mandos provenientes de otras fuerzas políticas y al desplazar
a aquellos que por largo tiempo habían dirigido las instituciones
policiales:</p>
<disp-quote>
  <p>The local defeat of the PRI also destroyed old social networks and
  institutional practices, some of which contributed to the growing
  social disorder. Without the PRI at the municipal helm and with the
  party weakened by electoral defeat, neither police nor citizens
  counted on the same informal patronage and patron-client relations
  that in past decades had kept crime out of the public eye and the
  whole system of social and political order functioning, albeit
  imperfectly (Davis, 2006:65)</p>
</disp-quote>
<p>A partir de la alternancia la función política del jefe policial
empezó a destacarse -sobre todo en un contexto de incremento de los
delitos y de observación crítica por parte de opositores
gubernamentales- y el puesto a ser codiciado por diversos actores
políticos. La institución policial tenía ahora mayores recursos y la
atención social y política que favorecía su uso como trampolín
político.</p>
<p>En la actualidad es raro observar que un jefe policial de cualquier
nivel de gobierno se conserve en el mismo puesto por más de una
administración municipal.<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref> Lo
contrario es más común: administraciones de gobierno que llegan a tener
dos, tres o más jefes policiales. Ello se explica porque los
funcionarios de gobierno de alto nivel se desplazan a otros cargos
gubernamentales, son despedidos por escándalos de corrupción o renuncian
para participar en procesos electorales, socavando así la continuidad
institucional y aumentando la inestabilidad
organizacional.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> Como ejemplo, sin
ser excepcional, la Policía Municipal de Guadalajara (PMG) ha contado
con siete diferentes jefes policiales en los últimos 8 años (véase el
cuadro 1).</p>
<p>CUADRO 1</p>
<p><bold>JEFES POLICIALES EN LA POLICÍA MUNICIPAL DE
GUADALAJARA</bold></p>
<p>OCTUBRE DE 2012 – MAYO DE 2019</p>
<table>
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <thead>
    <tr>
      <th>NOMBRE</th>
      <th>PERIODO</th>
    </tr>
  </thead>
  <tbody>
    <tr>
      <td><p>Carlos Mercado Casillas</p>
      <p>(académico universitario)</p></td>
      <td>1 octubre de 2012, 27 de marzo de 2014</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>José Ángel Campa Molina</p>
      <p>(exbombero)</p></td>
      <td>28 de marzo de 2014 a 30 de septiembre de 2015</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>Camilo González Lara</p>
      <p>(comandante de la institución)</p></td>
      <td>1 de octubre de 2015 a 21 de octubre de 2015</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>Salvador Caro Cabrera</p>
      <p>(exdiputado local y federal)</p></td>
      <td>22 de octubre de 2015 al 20 de diciembre de 2017</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>Juan Bosco Agustín Pacheco Medrano</p>
      <p>(comandante de la institución)</p></td>
      <td>21 de diciembre de 2017 al 30 de septiembre de 2018</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>Isaías Domínguez Ortiz</p>
      <p>(exjefe de secuestro de la Fiscalía General de
      Jalisco)</p></td>
      <td>1 de octubre de 2018-30 de abril de 2020</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><p>General Luis Arias González</p>
      <p>(exmilitar y exdirector del sistema penitenciario en el Estado
      de México)</p></td>
      <td>1 de mayo de 2019 a la fecha</td>
    </tr>
  </tbody>
</table>
<p>Fuente: Elaboración propia con base en información oficial y fuentes
hemerográficas locales.</p>
<p>Ahora bien, todo nuevo jefe policial, sobre todo si proviene de un
partido político distinto al de la administración saliente, establece
cambio de mandos, de manera discrecional, casi siempre bajo la
justificación de que requiere personas de su confianza para mejor
dirigir la institución.</p>
<p>La nueva autoridad puede ratificar en el cargo a los titulares de los
mismos, pero no es común que se vea ratificada toda la cadena de mando,
máxime si ella es opositora política de las autoridades
salientes.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> Como ejemplo, tómese en
cuenta que la jefatura policial que llegó con la administración
municipal de Guadalajara (2015-2018) con distinto color partidista a la
saliente, cambió al 77% de los policías que tenían un puesto de
mando.<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref></p>
<p>Bergman (2007) y Sabet (2012) han destacado que la constante rotación
de personal no recompensa la conducta profesional, pero sí, en cambio,
promueve que los titulares de los puestos de mandos estén motivados a
obtener las máximas ganancias del cargo, en tanto saben que estos son
efímeros y que las ganancias que puedan obtener de ellos se verán
reducidas con los cambios futuros. Así también, debido a la amplia
discrecionalidad en la asignación de puestos de mando, no hay garantía
de que los mejores calificados cubrirán los puestos vacantes, y sí, en
cambio, que la lealtad y no la eficacia o la honestidad sea lo que se
recompense.</p>
<p>El poder de los gobernantes para asignar a los jefes policiales -y de
éstos para imponer a la cadena de mando- permite que los puestos de
mando sean usados como recursos canjeables o moneda de pago, de tal
manera que en ocasiones se ha visto que el gobernante afirme haber
otorgado el puesto de jefe policial a alguien recomendado por alguna
otra autoridad o por compromisos de
campaña.<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref> Así también es de
esperar que los gobernantes busquen cierto perfil en los candidatos al
puesto de jefe policial y que a su vez estos se preocupen porque los
puestos de mandos medios y bajos sean ocupados por los policías más
capaces. Sin embargo, entre los estudiosos del tema policial en México
se ha generado una concepción poco honrosa del perfil del mando
policial, como alguien que para ocupar el puesto llega a acuerdos con el
gobernante en turno para rendirle lealtad y obediencia fiel a cambio de
lo cual se le permite manejar la institución para beneficio particular.
Así lo observan Azaola y Ruiz (2010:20) cuando afirman que los policías
de la ciudad de México obedecen a sus superiores jerárquicos no sólo por
una interiorización de reglas en torno a la disciplina, sino también por
“acuerdos implícitos” entre los mandos y los subordinados para la
obtención de beneficios ilegales que deben ser vistos como “regalos” o
“dones” a cambio de lealtad.</p>
<p>Nos parece que las motivaciones para asignar a un jefe policial
basado en la búsqueda de ganancias particulares se colocan en el extremo
de las posibilidades que otorga el que el puesto de jefe policial se
asigne de manera discrecional sin más requisito que la voluntad del
gobernante en turno. En el otro extremo tendríamos motivaciones más
loables y honestas, como por ejemplo la búsqueda de mejora
institucional. Y en medio podríamos ubicar la necesidad de los
gobernantes para tener un jefe policial que en tiempos de alternancia
pueda manejar la institución de una manera que políticamente favorezca
al gobierno en turno; o sea, que pueda hacer frente a un escenario de
competencia electoral efectiva donde los ataques de los opositores y la
atención mediática sobre las instituciones de gobierno son constantes.
Esta última posibilidad es la percepción que varios estudios sobre la
institución han asumido en los últimos
años.<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref></p>
<p>Cualesquiera sean las razones por las que un gobernante elija a una
determinada persona para ocupar el cargo, una vez que el jefe policial
es asignado, por lo común impone a gente de su confianza en los puestos
altos de la corporación policial, pero en la asignación de los demás
puestos de la cadena de mando, sobre todo si se trata de una institución
policial de una ciudad grande, muy seguramente tendrá dificultades para
hacer una elección basada en su conocimiento personal de los perfiles de
los policías, ya que, por lo común -como se puede observar en el cuadro
1- procede de otra institución y su pasado laboral no está ligado a las
actividades policiales de la institución. Si bien pueden servirle de
guía los expedientes e información administrativa de los policías con
los que cuenta la institución (antigüedad, grados, cargos, premios,
capacitaciones, registro de sanciones, etc.) es muy posible que se le
acerque gente interna y externa a la institución que le pidan,
recomienden o exijan asignar a tales o cuales policías. Así, por
ejemplo, lo hace constar Tamez (2016), exjefe de la policía tapatía, al
señalar las presiones que diversos actores de la política local le
hicieron para colocar a gente recomendada en puestos de mando (así como
para evitar sanciones a policías, asignar escoltas y dejar libres a
detenidos).</p>
<p>Para muchos policías la necesidad de contar con influencias es
importante porque los superiores jerárquicos -o a través de su conducto-
son los que otorgan diversos recursos, beneficios y castigos laborales.
Por variados y diferentes motivos un policía puede buscar tener un
determinado horario de trabajo (diurno, nocturno, de 8 horas, de 12 o 24
horas), una determinada zona de adscripción (en vecindarios tranquilos o
conflictivos, en zonas comerciales, turísticas, de esparcimiento, en
oficinas gubernamentales o en módulos de vigilancia, con alta incidencia
delictiva o no, cerca de su hogar o lejos de él, etc.), un determinado
cargo o puesto (técnico, administrativo u operativo), la pertenencia a
un grupo especializado de reacción o de prevención, patrullar con un
determinado compañero, tener vacaciones en una determinada época del
año, etc.; todo lo cual puede ser asignado por un superior jerárquico o
por alguien que tenga influencia sobre los superiores jerárquicos. Pero
como no todos pueden ver satisfechos sus deseos e intereses, en tanto
los bienes siempre son limitados, algunos policías los consiguen a
través de redes de influencia en la misma corporación, en el
Ayuntamiento o en un partido político. Por ello, hay policías que se
adhieren al partido político dominante y participan en la campaña de los
candidatos que tiene más posibilidades de llegar al poder gubernamental.
Hace algunos años Haro Reyes, estudioso de la seguridad pública,
denunciaba el clientelismo político que se vive en los cuerpos
policiales que tienen su sede en la ZMG:</p>
<disp-quote>
  <p>En muchas de las corporaciones los policías que ingresan son
  personas que ayudaron a las campañas electorales o que guardan
  afinidad con algún directivo, lo que genera que sean admitidos sin
  revisar su trayectoria [<italic>La Jornada</italic>, 4 de junio de
  2011].</p>
</disp-quote>
<p>Para los policías en servicio, incluso del más bajo rango, las
relaciones con autoridades de gobierno, personalidades políticas o
miembros del partido en el poder les permite tanto la obtención de
beneficios como les facilita tener “un escudo” que detenga la
supervisión o sanciones ante mala conducta:</p>
<disp-quote>
  <p>Cuando trabajaba como policía yo era miembro activo del comité
  municipal de Acción Nacional [PAN]. El regidor tenía su padrón y te
  buscaba para que votaras por él en una asamblea interna para elegir a
  un diputado por ese distrito. Él se iba a lanzar para diputado federal
  por el distrito 9, en aquel entonces le tocó el <italic>hueso</italic>
  de Asuntos Internos, entonces como andábamos en las campañas, él me
  hizo varios paros. Conocí a mucha gente en el partido que me hicieron
  varios paros. Yo me escudaba con ellos. Si me arrestaban o me
  castigaban por andar de cabrón, me ayudaban, me servían de escudo.
  Todo esto lo hice para tener un cojincito, para que me echaran la mano
  ante las broncas {Miguel, expolicía, 2014}.</p>
</disp-quote>
<p>En un contexto donde diversa gente externa e interna a la institución
policial incide en la asignación de cargos, puestos y diversos
beneficios laborales, los superiores jerárquicos no pueden tener la
seguridad de que no les acarreará problemas el supervisar y ejercer
sanciones a los que identifican como recomendados. Más aún con normas
informales de conducta que dictan que a los aliados y amigos no se les
supervisa ni sanciona.</p>
<p>Es muy raro que los superiores jerárquicos de alta jerarquía sean
investigados por la propia corporación
policial,<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref> pero sí, por el
contrario, que muchas destituciones, e incluso procesos judiciales
contra policías de nivel bajo y medio, se generen en la propia
institución como un mecanismo de venganza o para deshacerse de los
indeseables políticamente, como lo han señado diversos estudios (por
ejemplo, Azaola y Ruiz, 2009) y lo denuncian constantemente los
policías:</p>
<disp-quote>
  <p>Cada cambio de administración, traen su gente, traen sus criterios;
  entonces dicen, ‘hay que deshacernos de toda la gente de fulanito’. Y
  a todos los que habían tomado mando en la anterior administración los
  quitan, y a muchos los <italic>congelan</italic> [ubicar en tareas por
  debajo de su grado y capacidades] como castigo por haber sido
  protegidos de los anteriores jefes {Ramón, comandante segundo,
  2010}.</p>
  <p>Las lealtades están supeditadas a los intereses políticos de los
  que están en el poder. Todos los priistas voltearon la bandera a los
  panistas, vuelve a llegar una nueva administración y vuelven a voltear
  bandera {José, policía de línea, 2010}.</p>
</disp-quote>
<p>Entonces, en resumen, desde la forma dominante por la cual se asignan
los puestos de mando, éstos pueden observarse como recursos asignados de
manera temporal a aquellos que tienen alguna influencia y que pueden ser
usados a favor de protegidos y en contra de indeseables. Esta forma de
asignar los puestos de mandos limita el alcance de la autonomía del
superior jerárquico y el uso responsable de su autoridad para ejercer
supervisión sobre los subordinados. Pero además hay otros aspectos
derivados de la asignación discrecional de los puestos de mando que
pueden llevar a los titulares de los puestos de mando a negarse a
realizar una supervisión estricta. En particular nos referimos a la
incertidumbre que existe tanto sobre la duración de los puestos de mando
como sobre la identidad de quiénes en el futuro cercano los ocuparán.
Esto es lo que abordaremos a continuación.</p>
<p><bold>Uso político de la supervisión policial</bold></p>
<p>Como ya hemos aludido, los altos mandos por lo común salen de la
institución cuando cambia una administración, pero no ocurre lo mismo
con el resto de la cadena de mando. Es posible observar que la cantidad
de salidas institucionales va disminuyendo según los cargos de mando se
encuentran más alejados de la cúspide y más cercanos a la base; o sea,
mientras es común encontrar que, con el cambio de una administración, el
jefe policial y algunos altos mandos abandonan la institución, es
difícil encontrar mandos de nivel bajo que salgan de la institución al
salir un jefe policial. Esto significa que los mandos medios están
orientados a la institución y que ambos grupos se encuentran en gran
medida con diferentes funciones e intereses (Alvarado, 2012).</p>
<p>Sin embargo, hay otras razones que también distancian al jefe de la
institución de los policías que se ubican sobre todo en los más bajos
rangos jerárquicos. Todas las instituciones policiales tienen una lógica
de ejercicio de autoridad jerarquizada que posibilita la distribución de
responsabilidades sobre un grupo limitado de policías. Todo policía
siempre tiene identificado un solo mando y le está prohibido dirigirse a
otra autoridad (esto es, no puede “brincar conductos”), así como toda
autoridad procura respetar al mando inmediato superior no ejerciendo
mando ni autoridad de los subordinados de este si no es con su
consentimiento o a través de su conducto. Bajo esta lógica de mando y
ejercicio de autoridad, la tropa recibe órdenes y supervisión cotidiana
de un mando ubicado en los niveles inferiores de autoridad, no en los
superiores. Entre más grande sea la organización policial en términos de
número de elementos es más probable que el contacto de un policía de
tropa con el director general sea prácticamente inexistente. Este por lo
común sólo tiene contacto con los altos mandos, quienes a su vez
mantienen una supervisión sobre los comandantes, pero prácticamente
ningún contacto con los mandos bajos, quienes, en última instancia, son
los que mejor conocen la ciudad y poseen conocimientos, experiencias y
control sobre los policías de tropa.</p>
<p>Con esto lo que queremos señalar es que los puestos de mandos medios
y mandos bajos son, comúnmente, entregados a personal de la misma
institución, no a personal externo a ella como sucede con los puestos
altos (véase la procedencia de los jefes policiales que se registran en
el Cuadro 1), cuyos titulares, comúnmente, sobre todo en organizaciones
policiales de dimensiones mayores, no conocen a los policías de la
institución, especialmente a los que se encuentran en los niveles bajos
de la jerarquía de mando.</p>
<p>Así, se tiene por lo común una cadena de mando con eslabones
orientados a distintos fines. Por ello, la supervisión asociada a la
cadena de mando debe analizarse a distintos niveles pues las
responsabilidades y consecuencias de una falta de supervisión son
diferentes, para cada nivel de mando. Esto es algo que ya han observado
otros estudiosos, como Alvarado (2012:258) cuando afirma que “las
oportunidades de control están restringidas y concentradas en ciertos
‘nodos’ intermedios de la organización y no entre los muchos
‘principales’”.</p>
<p>La existencia de diferencias de autoridad, poder e influencia en la
cadena de mando ha generado, entre autoridades de gobierno y estudiosos
de la organización policial en México una imagen de los policías como
organizados en grupos de poder que tienen el control de la institución
para sus intereses particulares y que han hecho que las reformas
policiales fracasen.</p>
<p>Así, de vez en cuando, autoridades de algunos estados o municipios
del país denuncian la existencia de grupos al interior de las
corporaciones policiales que buscan imponer sus condiciones a los
gobernantes para tener control sobre la institución y sus
recursos.<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref> De la misma manera, ha
sido muy común durante los años de la alternancia que al tomar posesión
de una institución policial un nuevo gobierno, sobre todo si es de
distinto color partidista que el saliente, denuncie que la institución
policial se encuentra muy corrompida y vinculada con el crimen
organizado por lo que se ve obligado a hacer cambios en la cadena de
mando e incluso a destituir o encarcelar a funcionarios
policiales.<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref> Por ello,</p>
<disp-quote>
  <p>“uno de los parámetros que con mayor frecuencia ha utilizado desde
  hace algunos años la Secretaría de Seguridad Pública para rendir
  cuentas, es el número de policías que han sido consignados por haber
  cometido diversos ilícitos. No sólo eso, sino que parecería que uno de
  los indicadores que mejor hablaría de una determinada administración,
  sería el número de policías que hubiera logrado consignar”. [Azaola,
  2006:62]</p>
</disp-quote>
<p>Desde que en los años noventa iniciaron en el país las políticas de
depuración de las instituciones policiales, miles de policías han sido
destituidos y muchos de ellos han tenido que ser reinstalados por
órdenes de tribunales que han observado una violación a los derechos
laborales o a los procedimientos legales. Y, sin embargo, no ha habido
evidencias sólidas que demuestren la existencia de grupos de policías
que tengan el control de alguna de los cientos de instituciones
policiales del país, pero sí, en cambio, ha sido evidente que las
autoridades se han resistido a destituir, como lo marca la Constitución,
a policías que han reprobado los exámenes de confianza que recientemente
han sido implementados como medida para limpiar de malos policías a
todas las instituciones policiales del
país.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref></p>
<p>Pero mientras puede observarse resistencias para despedir a muchos
policías, al mismo tiempo se tiene una abierta disposición para
deshacerse de los policías identificados como aliados de una corriente
política opositora. Así, las conexiones partidistas a menudo tienen
consecuencias potencialmente graves:</p>
<disp-quote>
  <p>Ahora el mando está hostigando a los comandantes. Ahora la mayoría
  de mandos no tiene experiencia. Y ahora todos los del PAN están
  corridos. Ahora están mandando gente del PRI o que no tenga partido,.
  [Roberto, policía segundo, 2010]</p>
</disp-quote>
<p>Las políticas de depuración cumplen una doble función. Por un lado,
es políticamente rentable mantener una imagen de autoridad que busca
limpiar la institución policial. Como Sabet (2012) ha argumentado, a las
autoridades policiales les conviene descargar los males de la
institución en el personal operativo de la corporación, como un recurso
ideológico que legitima su posición y los exime de responsabilidades
para hacer cambios de mayor envergadura más allá de la supuesta limpieza
de las instituciones policiales a través de políticas de depuración. Por
otro lado, funcionan como una estrategia para detener una posible
inconformidad generalizada de policías a través de la amenaza de acusar
y encarcelar a quienes se opongan.</p>
<p>Sin embargo, los superiores jerárquicos que dejan de tener cargos no
sólo se ven amenazados por las altas jerarquías entrantes, sino también
por los colegas de su propia institución debido especialmente a que la
rotación constante de titulares en puestos de mando provoca que las
posiciones de autoridad entre mandos y subordinados se intercambien
constantemente y, con ello, las acciones de supervisión y la aplicación
de sanciones sean guiadas por la incertidumbre de quiénes y cuando
ocuparán puestos de autoridad. Esto se complejiza aún más, pero se
entiende mejor, si se toman en cuenta cómo operan las diferencias de
rango, grado y cargo.</p>
<p><bold>Una supervisión diferenciada a partir de las diferencias de
grado y cargo</bold></p>
<p>Puesto que los superiores jerárquicos de nivel medio y bajo
permanecen en la institución son ellos los que con su presencia
cotidiana establecen, en última instancia, la forma y lógica de la
supervisión de los subordinados, y aun cuando llegan a ser removidos de
sus puestos de mando no todos pierden su autoridad. Para comprender de
manera más clara este último señalamiento es necesario tener en cuenta
las diferencias que existen entre superior jerárquico con grado y
superior jerárquico con mando, como trataremos de explicar a
continuación.</p>
<p>La prerrogativa de la autoridad de gobierno para imponer a los
titulares en los puestos de mando perjudica la relación esperada entre
la capacidad de los titulares de un grado de ejercer su autoridad y la
posibilidad de estar ubicado en un cargo donde efectivamente puedan
ejercer dicha autoridad. Para dimensionar esta falta de vinculación
entre grado y cargo es necesario tomar en cuenta que, a través de un
nombramiento formal, todo policía se ubica en la jerarquía de mando con
un grado que determina su salario (por ello también se le conoce como
“grado nominal”) y lo ubica en una función o tarea dentro de dicha
jerarquía de mando, así como también le delega responsabilidad y
derechos para ejercer mando y supervisión sobre los grados inferiores,
con excepción, claro está, del nivel jerárquico más bajo.</p>
<p>Entre más alto el grado se ubique en la pirámide jerárquica más alto
el sueldo,<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> pero también más
altas las responsabilidades y el poder de autoridad sobre personal con
inferior rango. Por ejemplo, en México el poder de ejercer sanciones
sobre aquellos que cometan faltas administrativas lo tienen por lo común
los grados altos y medios, pero no los bajos. En sentido inverso, entre
más alejado se encuentren los rangos de la cúspide, menores son sus
responsabilidades y prerrogativas.</p>
<p>Dependiendo de las dimensiones de la institución y de sus
disposiciones reglamentarias pueden existir varios eslabones de grado
jerárquico, pero por lo común, atendiendo a las funciones de
responsabilidad, todos caben en alguno de los siguientes tres grupos:
altos, medios y bajos. En el siguiente cuadro podemos observar la
cantidad de policías agrupados de manera piramidal en grados, puestos de
mando y grupos jerárquicos para el caso de la PMG, institución que
cuenta con 2,544 policías.</p>
<p>CUADRO 2</p>
<p><bold>CANTIDAD DE GRADOS EN PUESTOS Y GRUPOS DE MANDO</bold></p>
<p><bold>POLICÍA MUNICIPAL DE GUADALAJARA</bold></p>
<table>
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <thead>
    <tr>
      <th><p><bold>CANTIDAD DE POLICÍAS</bold></p>
      <p><bold>(Estado de fuerza)</bold></p></th>
      <th><bold>GRADO JERÁRQUICO</bold></th>
      <th><bold>CARGO O PUESTO DE MANDO</bold></th>
      <th><bold>GRUPO JERÁRQUICO DE MANDO</bold></th>
    </tr>
  </thead>
  <tbody>
    <tr>
      <td>1</td>
      <td>Comisario</td>
      <td>Comisario General</td>
      <td>MANDOS ALTOS</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>2</td>
      <td>Inspector Operativo</td>
      <td>Director de las Fuerzas de Seguridad Ciudadana</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>2</td>
      <td>Sub Inspector Operativo</td>
      <td>Supervisor General</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>7</td>
      <td>Oficial</td>
      <td>Coordinador operativo</td>
      <td>MANDOS MEDIOS</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>19</td>
      <td>Suboficial</td>
      <td>Primer comandante</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>63</td>
      <td>Policía primero</td>
      <td>Segundo comandante</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>191</td>
      <td>Policía segundo</td>
      <td>Encargado del turno</td>
      <td>MANDOS BAJOS</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>580</td>
      <td>Policía tercero</td>
      <td>Ayudante del encargado del turno</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>1679</td>
      <td><p>Policía</p>
      <p>(también conocidos como “policías de línea”)</p></td>
      <td>Sin mando</td>
      <td>SIN MANDO</td>
    </tr>
  </tbody>
</table>
<disp-quote>
  <p>Fuente: Elaboración propia a partir de la información proporcionada
  por la “Unidad de Investigación” de la Policía Municipal de
  Guadalajara en diciembre de 2018.</p>
</disp-quote>
<p>Como podemos observar, existe una relación entre grado y cargo. Para
un determinado puesto de mando existe un determinado
grado,<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> de tal manera que lo
ideal es que un policía con el grado de inspector u oficial cumpla
efectivamente las funciones de inspector o de comandante. Sin embargo,
la prerrogativa de los jefes policiales para imponer a los titulares de
los puestos de mando requiere de la libertad suficiente para asignar
cargos a cualquier policía, incluyendo a aquellos que no cuenten con el
grado correspondiente a la función de mando que se busca desempeñen, con
lo cual se rompe la relación entre grado y cargo.</p>
<p>Como una forma de garantizar que policías con bajo grado nominal sean
obedecidos por policías con un mayor grado nominal se encuentra
instaurada en todas las corporaciones policiales del país la figura
administrativa conocida como “habilitación”. A través de ella las
máximas autoridades otorgan, sin nombramiento laboral de por medio, un
grado de manera temporal y una compensación económica a aquellos
policías que asignan de manera discrecional para ocupar un cargo
superior al que su grado nominal les
permite.<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref> La habilitación en el
cargo llega a su fin cuando la administración en turno deja de gobernar
o cuando la jefatura simplemente lo disponga.</p>
<p>La habilitación es necesaria por dos razones. La primera es que los
grados exigen e imponen respeto y autoridad, normativa y
deontológicamente,<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref> y en este
sentido, un policía con mando pero sin grado tendría dificultades para
hacerse obedecer. La segunda es que debido a los constantes cambios de
jefes policiales y, consecuentemente, del resto de puestos de mando, se
hace prácticamente imposible otorgar y quitar grados formales cada vez
que alguien abandone u ocupe un puesto, pues se generarían problemas
administrativos, económicos y laborales de difícil solución para la
institución.</p>
<p>Así entonces, en las corporaciones policiales mexicanas existen dos
tipos de superiores jerárquicos encargados de imponer la disciplina y el
control. A uno se le conoce como superior por cargo y al otro superior
por grado. El primero tiene un puesto de mando independientemente de su
grado nominal porque una autoridad superior lo habilitó para tal
función. El segundo posee un nombramiento formal que lo ubica con
autoridad sobre los rangos inferiores, aunque no necesariamente tenga un
puesto de mando.</p>
<p>Para entender los argumentos del resto del artículo le rogamos al
lector que tenga muy en cuenta que para fines de supervisión (que es el
tema que aquí nos ocupa) sólo el superior por cargo tiene el poder y
responsabilidad sobre un grupo de subordinados, de los cuales está a
<italic>cargo</italic> y, entre otras cosas, está obligado a
organizarlos laboralmente, darles órdenes y, en su caso, castigar las
faltas administrativas o reportar a superiores jerárquicos cuando sepa
de alguna falta grave o delito que ellos cometan. Por su parte, el
superior por grado, si no tiene un cargo, sólo puede imponer disciplina
y control sobre las personas que ocupan niveles inferiores por medio de
arrestos en caso de que los observe cometiendo alguna falta
administrativa.</p>
<p>Cabe también señalar que aun cuando el superior jerárquico con grado
tenga un rango igual o más alto que aquel que ocupa el cargo de mando,
su posición es de subordinación y debe, por lo tanto, rendir obediencia
a las órdenes que este último le emita. De esta manera, la jerarquía de
mando se impone a través del cargo, no del grado.</p>
<p>Ahora bien, a pesar de que las promociones de ascenso no son comunes
hay una gran cantidad de policías que por diversos motivos han obtenido
ascensos en el transcurso de su vida laboral que los faculta para
desempeñar las funciones de mando. Sin embargo, no hay suficientes
puestos de mando para todos los que tienen un grado de superior
jerárquico. En la PMG se tienen 285 superiores jerárquicos con grado y
sólo 121 policías con cargo o puesto de
mando.<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> Esto es, la institución
tiene más superiores jerárquicos sin puestos de mando que con ellos,
pero no exclusivamente por carencia de puestos de mando, sino también
porque los que hay son en su mayor parte asignados a policías con los
más bajos rangos en la jerarquía de mando.</p>
<p>Como puede observarse en el cuadro 3, los puestos de mando no son
entregados solamente a superiores jerárquicos con grado, sino también a
policías terceros, cuyo grado no les confiere poder de sanción, y a
policías de línea, que no son superiores jerárquicos por ocupar el
último rango o escalón en la pirámide jerárquica. Así, de los 285
superiores jerárquicos con grado que tiene la institución policial, sólo
45 ejercían un puesto de mando; o sea, por cada policía con rango de
mando que sí está ubicado efectivamente en un puesto de mando existen
seis superiores jerárquicos con mando que no lo tienen y, por lo tanto,
se encuentran subejerciendo conocimientos, experiencias y
capacidades.</p>
<p>CUADRO 3</p>
<p><bold>DIFERENCIAS ENTRE PUESTOS OTORGADOS Y GRADOS
EXISTENTES</bold></p>
<table>
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <thead>
    <tr>
      <th>GRADO DEL MANDO</th>
      <th>ESTADO DE FUERZA SEGÚN GRADO NOMINAL</th>
      <th>HABILITADOS EN PUESTOS DE MANDO SEGÚN EL ORDEN DEL DÍA</th>
      <th>PORCENTAJE DE SUPERIORES JERÁRQUICOS SIN PUESTO DE MANDO</th>
    </tr>
  </thead>
  <tbody>
    <tr>
      <td>DIRECTIVOS</td>
      <td>5</td>
      <td>3</td>
      <td>(2) 66%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>OFICIALES</td>
      <td>7</td>
      <td>4</td>
      <td>(3) 75%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>SUBOFICIALES</td>
      <td>19</td>
      <td>9</td>
      <td>(10) 111%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>POLICÍAS PRIMERO</td>
      <td>63</td>
      <td>15</td>
      <td>(48) 320%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>POLICÍAS SEGUNDO</td>
      <td>191</td>
      <td>14</td>
      <td>(177) 1,264%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>SUBTOTAL DE SUPERIORES JERÁRQUICOS QUE PUEDEN EJERCER
      SANCIONES</bold></td>
      <td><bold>285</bold></td>
      <td><bold>45</bold></td>
      <td><bold>(240) 533%</bold></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>POLICÍAS TERCERO</td>
      <td>580</td>
      <td>23</td>
      <td>(557) 2,421%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>TOTAL DE SUPERIORES JERÁRQUICOS</bold></td>
      <td><bold>865</bold></td>
      <td><bold>68</bold></td>
      <td><bold>(797) 1,172%</bold></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>POLICÍAS DE LÍNEA</td>
      <td>1,679</td>
      <td>53</td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>TOTAL</bold></td>
      <td><bold>2,544</bold></td>
      <td><bold>121</bold></td>
      <td></td>
    </tr>
  </tbody>
</table>
<p>Fuente: Elaboración propia con base en los “ordenes del día” de la
primera semana de febrero de 2016 y en el “estado de fuerza”
proporcionado por la “Unidad de Investigación” de la Policía Municipal
de Guadalajara.</p>
<p>Se podría señalar que, en principio, esto no tendría porque ser un
problema para el ejercicio de la autoridad y de la supervisión. Entre
más gente con experiencia y capacidad tenga una institución, aun cuando
sea cumpliendo funciones menores, mejor. Sin embargo, hay que tomar en
cuenta que el grado impone autoridad y con ello consideraciones formales
e informales sobre la persona que lo detenta. En este sentido, el mando
a cargo puede tener ciertas reticencias para supervisar de manera
estricta a aquellos subordinados que mantienen un grado igual al rango
de mando que el cargo le confiere; peor todavía, si su grado nominal es
el más bajo de la pirámide jerárquica.</p>
<p>Como podemos observar en el cuadro 4, en la PMG existe una baja
correspondencia entre grado y cargo óptimo. El 81% de las habilitaciones
que en la PMG se generaron en febrero de 2016 correspondieron a policías
que no tenían el grado óptimo contemplado en el reglamento, sino un
grado inferior; esto es, cumplen funciones de autoridad y mando mayores
a los que su grado establece.</p>
<p>CUADRO 4</p>
<p><bold>GRADO Y PUESTOS DE MANDOS HABILITADOS EN LA PMG</bold></p>
<table>
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <thead>
    <tr>
      <th>GRADO</th>
      <th>Porcentaje de puestos de mando que corresponden de manera
      óptima con el grado ostentado del titular</th>
      <th>Porcentaje de puestos de mando con funciones de cargo por
      encima del grado ostentado por el titular</th>
      <th>Porcentaje de puestos de mando con funciones de cargo por
      debajo del grado ostentado por el titular</th>
    </tr>
  </thead>
  <tbody>
    <tr>
      <td>Comisario (1)</td>
      <td>0</td>
      <td>(1) 100</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Inspector (1)</td>
      <td>0</td>
      <td>(1) 100</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Subinspector (1)</td>
      <td>0</td>
      <td>(1) 100</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Oficial (4)</td>
      <td>(3) 75%</td>
      <td>0</td>
      <td>(1) 25%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Suboficial (9)</td>
      <td>(4) 44.4%</td>
      <td>(1) 11.2%</td>
      <td>(4) 44.4%</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Policía primero (15)</td>
      <td>(6) 40%</td>
      <td>(9) 60%</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Policía segundo (14)</td>
      <td>(5) 35.7%</td>
      <td>(9) 64.3%</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Policía tercero (23)</td>
      <td>0</td>
      <td>(23) 100%</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>Policía de línea (53)</td>
      <td>0</td>
      <td>(53) 100%</td>
      <td>0</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>121</bold></td>
      <td><bold>(18) 14.9%</bold></td>
      <td><bold>(98) 81%</bold></td>
      <td><bold>(5) 4.1%</bold></td>
    </tr>
  </tbody>
</table>
<p>Fuente: Elaboración propia con base en el “orden del día” de la
primera semana de febrero de 2016.</p>
<p>Las diferencias entre grado y cargo no implican sólo un escalón o
nivel de la pirámide jerárquica, sino que los titulares de los puestos
de mando habilitados tienen en su mayoría grados que los ubican en dos,
tres o cuatro niveles por debajo del rango jerárquico necesario para
asumir las responsabilidades del cargo en que se encuentran asignados.
En el caso que nos ocupa, el 70% de todos los titulares de puestos de
mando son policías pertenecientes a los tres eslabones más bajos de la
jerarquía policial. De estos, los policías con el más bajo rango
(policías de línea) -que carecen de autoridad de mando- ocupan el 43% de
todos los puestos de mando (véase el cuadro 5. Y más de la mitad de
ellos tienen puestos de mando de comandante o mayor, lo que los habilita
con mayor poder e influencia para distribuir beneficios y castigos, así
como para asignar los puestos de mando inferiores.</p>
<p>CUADRO 5</p>
<p><bold>DISPOSICIÓN DE LOS PUESTOS DE MANDO</bold></p>
<p><bold>SEGÚN GRADO ÓPTIMO DEL PUESTO Y GRADO NOMINAL DEL
TITULAR</bold></p>
<table>
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <col align="left" />
  <thead>
    <tr>
      <th>PUESTO DE MANDO</th>
      <th>SUPERIOR JERÁRQUICO CON GRADO ÓPTIMO PARA EL CARGO</th>
      <th>SUPERIOR JERÁRQUICO CON GRADO NO ÓPTIMO PARA EL CARGO</th>
      <th></th>
      <th></th>
      <th></th>
      <th></th>
      <th></th>
      <th></th>
    </tr>
  </thead>
  <tbody>
    <tr>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>Sin grado</td>
      <td>Oficial</td>
      <td>Sub oficial</td>
      <td>Policía primero</td>
      <td>Policía segundo</td>
      <td>Policía tercero</td>
      <td>Policía de línea</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>1 Comisario</td>
      <td>Comisario General (0)</td>
      <td>Maestro (1)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>1 Director de las Fuerzas…</td>
      <td>Inspector Operativo (0)</td>
      <td>Licenciado (1)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>1 Supervisor General</td>
      <td>Subinspector Operativo (0)</td>
      <td></td>
      <td>1</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>3 Secretarios Particulares</td>
      <td>Sub oficial (0)</td>
      <td>Licenciado (1)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>2</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td>5 Coordinadores operativos</td>
      <td>Oficial (3)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>1</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>1</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>2 Vigilantes generales de las guardias</td>
      <td>Sub oficial (1)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>1</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>6 Responsables de las guardias</td>
      <td>Policía primero (1)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>3</td>
      <td></td>
      <td>2</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>19 Primeros comandantes</td>
      <td>Sub oficial (3)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>7</td>
      <td>2</td>
      <td>3</td>
      <td>4</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>45 Segundos comandantes</td>
      <td>Policía primero (5)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>4</td>
      <td></td>
      <td>4</td>
      <td>7</td>
      <td>25</td>
    </tr>
    <tr>
      <td>38 Encargados de turno</td>
      <td>Policía segundo (5)</td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td>13</td>
      <td>20</td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>TOTALES</bold></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td><bold>121 (100%)</bold></td>
      <td><p>18</p>
      <p>(14.9%)</p></td>
      <td><p>3</p>
      <p>(2.5%)</p></td>
      <td><p>1</p>
      <p>(0.8%)</p></td>
      <td>5 (4.1%)</td>
      <td>9 (7.4%)</td>
      <td><p>9</p>
      <p>(7.4%)</p></td>
      <td>23 (18.8%)</td>
      <td>53 (43.4%)</td>
    </tr>
    <tr>
      <td></td>
      <td></td>
      <td><bold>MANDOS ALTOS Y MEDIOS</bold></td>
      <td><bold>MANDOS BAJOS</bold></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td></td>
      <td></td>
      <td><p>18</p>
      <p>(14.9%)</p></td>
      <td><p>85</p>
      <p>(70.2%)</p></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
    <tr>
      <td></td>
      <td></td>
      <td><p>103</p>
      <p>(85.1%)</p></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
      <td></td>
    </tr>
  </tbody>
</table>
<p>Fuente: Elaboración propia con base en el “orden del día” de la
primera semana de febrero de 2016.</p>
<p>Es de esperar que la relación del personal con mando sobre
subordinados que ostentan un mayor rango jerárquico se decante hacia la
tolerancia, no sólo porque las diferencias de grado nominal implican
manejos de autoridad, respeto y reconocimiento a la jerarquía nominal,
sino también porque en un momento pasado los ahora subordinados tuvieron
mando sobre él y porque es probable que en el futuro lo vuelvan a
tener.</p>
<p>Como ya hemos señalado, cuando cambia una administración de gobierno,
las altas jerarquías abandonan la institución, mientras las jerarquías
medias y bajas, orientadas al trabajo policial, se quedan en la
institución Y si, durante el ejercicio de su autoridad -autoridad
delegada a través de la habilitación- sus subordinados se vieron o
sintieron afectados, es muy posible que lleguen a tener algunos
problemas en sus relaciones laborales cuando pierdan el cargo. Esta
situación puede incluso llegar a tener graves consecuencias:</p>
<disp-quote>
  <p>Hace algunos años, en la zona seis, hubo hasta muertos de policías
  porque siempre hay agresiones con compañeros que dejan de tener mando.
  Una de esas muertes fue de un policía primero, a él lo mató su mismo
  compañero de él. Lo mató por diferencias, porque a él lo mandaban y no
  se dejaba mandar. Entonces sacó la pistola y lo tronó ahí, adentro de
  la patrulla. Luego hizo la faramalla de que narcos habían llegado y
  los balacearon ahí al paso. Pero se supo que fue él y ahora está en la
  penal [Esteban, policía tercero, 2016]</p>
</disp-quote>
<p>En este sentido, ¿cómo esperar que los mandos habilitados ejerzan una
supervisión estricta sobre sus subordinados si más temprano que tarde
dejarán de tener el cargo y regresarán con el grueso de los policías,
quienes, en caso de haberse visto sancionados o poco beneficiados,
mostrarán su antipatía hacia su persona? Y, sobre todo, ¿cómo el mando
puede ejercer una supervisión sobre muchos subordinados de quienes, en
el contexto de constantes cambios, no puede llegar a saber si en el
futuro llegarán a ocupar puestos de mando sobre él?</p>
<p>Así, no sólo es de esperarse una falta de disposición de ejercer una
supervisión estricta por la conciencia de temporalidad del cargo, como
lo ha señalado Sabet (2012), sino también por 1) las posibilidades de
que cualquier policía, hasta el que ocupa el más bajo rango puede llegar
a ser en el futuro superior jerárquico de quien ahora manda y 2) de que
varios de los que sobre en un momento se tiene mando son personas con
grado que mantienen autoridad y que podrían tomar represalias cuando
vuelvan a ocupar posiciones de mando. Este tipo de subordinados
continuarán con poder de autoridad, mientras el que ahora es mando con
grado menor regresará a cumplir tareas del más bajo rango. Quizá por
ello es que algunos jefes policiales como forma de proteger a quienes
fueron habilitados con cargo de mando, pero dejan de serlo, los
promueven de grado, los cambian de zona o los habilitan, aunque no
realicen funciones de mando:</p>
<disp-quote>
  <p>Yo tenía mando, pero no tenía cargo, no tenía nada. Yo no tenía
  grado, era sargento primero, pero yo tenía autoridad todavía, estaba
  en el área de mantenimiento de la Academia y conservaba esa jerarquía
  de capitán habilitado. Y esto porque el director operativo era mi
  amigo. […] Pero luego ya no tuve a nadie. Ya regresé como policía de
  línea. Pero antes, como ya iban a correr al jefe de la policía e iba a
  cambiar todo, me dijo el jefe ¿A dónde te quieres ir? ¿A zona centro?
  Y me lo concedió. A los tres días me mandaron a zona centro. Era lo
  último, se acabó. [Miguel, expolicía, 2018]</p>
</disp-quote>
<p>De esta manera, la discrecionalidad con que se otorgan habilitaciones
también fomenta un mayor crecimiento de policías con grados y, con ello,
la posibilidad de que la estructura burocrática formal e informal
crezca, ya sea a través de la creación de nuevos departamentos, tareas y
funciones, o ya sea estableciendo nuevos cargos reales o ficticios.</p>
<p><bold>Conclusiones</bold></p>
<p>La prerrogativa de los gobernantes de nombrar libremente a los jefes
y éstos al resto de los puestos de mando representa un gran boquete por
donde pueden filtrarse actores ilegales en las corporaciones policiales.
Y esto no es nuevo. Ya desde hace tiempo los estudios policiales en
México han hecho notar que la rotación de personal es conveniente para
que la delincuencia organizada pueda tomar posiciones en las
corporaciones policiales. De la misma manera, y como nos lo hace ver
Schantz (2015), tampoco es nueva la relación de protección y cuidado
entre crimen organizado, gobernantes y policías. Pero lo que sí es
reciente es el nivel de violencia y el poder de fuego de los criminales,
a tal grado que parece no haber institución de gobierno que no pueda ser
coaccionada o comprada.<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref> Sin
embargo, la debilidad de las instituciones policiales no se encuentra
solamente en sus carencias de recursos para hacer frente a los
criminales, sino también en la forma en que se asignan los puestos de
mando.</p>
<p>Como pudimos observar, la mayoría de jefes policiales no tienen una
formación policial ni salen de las filas de la misma institución, ni
mantienen contacto o son conocidos por el personal operativo. Si además
se toma en cuenta que sus tareas y funciones son más políticas que
operativas tenemos las condiciones para que sus actos, cualesquiera que
estos sean, puedan mantenerse alejados del conocimiento de los policías,
lo que minimiza los riesgos de verse envuelto en posibles escándalos
mediáticos.</p>
<p>Debido a que una sola persona, sin procedencia ni compromiso
institucional tiene el poder para asignar la totalidad de los puestos de
mando, se puede llegar a suponer que basta con presionar al jefe de la
policía o al gobernante en turno para tener el control de la
institución. Empero, las corporaciones policiales se encuentran en medio
de un contexto nacional de alternancia política que provoca, por un
lado, que la institución tenga una mayor observancia social y política
y, por otro, que haya compromisos influyentes y aliados presionando para
tomar el control de la institución policial. Todo lo cual sin duda
dificulta la entrega de la institución a manos de criminales, pero al
mismo tiempo eleva el número de actores legales e ilegales que pueden
buscar incidir a favor de tal o cual candidato -legal o ilegal- a ocupar
el puesto de jefe policial.</p>
<p>Pero la debilidad de las corporaciones policiales no se debe
solamente a que los altos mandos no tengan un arraigo institucional. El
hecho de tener la prerrogativa de habilitar de manera discrecional a los
titulares de todos los puestos de mando, provoca el establecimiento de
diferencias de poder en el ejercicio de la autoridad y la supervisión
entre los superiores jerárquicos con cargo y los superiores jerárquicos
con grado.</p>
<p>Debido a estas diferencias, nos parece pertinente abogar por un
análisis de los puestos de mando de la organización policial desde los
niveles jerárquicos de autoridad, responsabilidad y control. De esta
manera, por ejemplo, puede llegar a entenderse que una gran cantidad de
policías, sin importar su grado nominal jerárquico, sean atractivos a
los intereses de criminales en tanto han sido habilitados en puestos de
mando y, por lo tanto, poseen conocimientos y experiencias que pueden
poner al servicio de ellos. De la misma manera, se puede llegar a
entender que un policía con grado nominal jerárquico, sin importar si
tiene o no un puesto de mando, puede ser útil, no sólo porque en algún
momento ha tenido cargo, sino también porque conserva poder de autoridad
sobre superiores jerárquicos con menor rango que él. Siempre será bueno
para un criminal tener a alguien dentro de una institución policial que
no sea supervisado, cuestionado o vigilado por los mandos.</p>
<p>A la luz del presente análisis, cabe hacer la reflexión sobre lo
cambiante y variable que llegan a ser tanto los factores que posibilitan
la mala conducta policial como aquellos que dificultan su control. Hasta
hace algunos años la corrupción interna en las corporaciones policiales
del país era intensa y explicaba la corrupción externa. Libros como el
de Arteaga y Botello (1994) denunciaban los pagos que debían hacer los
policías para acceder a recursos o beneficios institucionales, entre los
cuales se contaba el evitar ser supervisado o sancionado, tales pagos
eran solventados y recompensados a través de la extorsión y otras
conductas delictivas contra la ciudadanía. Si bien la corrupción interna
no ha desaparecido del todo, sí se ha visto disminuida considerablemente
sobre todo por una mayor vigilancia y exposición social y política de la
institución. Sin embargo, en la actualidad la supervisión del superior
jerárquico no parece tener mejores condiciones de desarrollo.</p>
<p>Desde hace ya algunos años estudiosos del tema (citados a lo largo de
este documento) han evidenciado varias razones por las cuales la
supervisión del superior jerárquico sobre sus subordinados puede no
tener lugar, entre las cuales destacan a) el temor a perjudicar los
intereses de un grupo criminal -cuando se sabe o sospecha de
infiltración y vinculaciones con sus subordinados, b) la protección a
policías compinches con los que se tiene una vinculación corrupta, c) el
acatamiento a normas y valores de cuidado, secretismo y solidaridad
propios de una subcultura policial, d) tolerancia a subordinados que
pertenecen al mismo grupo político o de poder al interior de la
corporación, e) temor al poder de subordinados que se encuentran
protegidos por algún político o funcionario de gobierno.</p>
<p>Como hemos señalado, algunos de estos factores con razón están
relacionados con la debilidad institucional de cambios constantes de
mandos y de poco control sobre el perfil de los que ocuparán puestos de
mando. Así, por ejemplo, lo hemos observado con las amplias
oportunidades que tienen los criminales de tomar o cooptar la
institución policial a través de las autoridades de gobierno en tiempos
de alternancia política y con las oportunidades que cada cambio de
gobierno ofrece a los policías para acceder a posiciones de poder e
influencia.</p>
<p>Pero hay, además de todo, al menos otras dos razones -destacadas en
este estudio-, que motivan a los superiores jerárquicos a no ejercer
supervisión: f) la percepción de que en el futuro algunos de sus
subordinados puedan tener mando sobre su persona g) el respeto y cuidado
a la autoridad del personal subordinado con grados superiores al que
ostenta.</p>
<p>En estos dos últimos casos, la falta de supervisión tiene su
explicación en el conocimiento que el superior jerárquico tiene sobre la
temporalidad de su cargo y en la incertidumbre sobre cómo quedará
conformada la cadena de mando cuando a la institución llegue un nuevo
jefe. Por ello, modificar la forma de asignar todos los puestos de mando
y establecer procesos transparentes y confiables de promoción puede
fortalecer, entre otras cosas, la supervisión interna basada en el
superior jerárquico. Mientras tanto, nos parece que, en materia de
control de la conducta policial, sigue teniendo vigencia el dicho cínico
y lapidario de los policías mexicanos: <italic>si quieres llegar a viejo
hazte pendejo</italic>.</p>
<p><bold>Bibliografía</bold></p>
<p>ALVARADO Mendoza, Arturo. <bold>El tamaño del infierno. Un estudio
sobre la criminalidad en la Zona Metropolitana de la Ciudad de
México.</bold> México: El Colegio de México, 2012.</p>
<p>ARTEAGA Botello, Nelson y LÓPEZ Rivera Adrián. <bold>Policía y
corrupción. El caso de un municipio en México</bold>. México: Plaza y
Valdés Editores, 1998.</p>
<p>AZAOLA Garrido, Elena. <bold>Imagen y autoimagen de la policía de la
ciudad de México</bold>. México: Centro de Investigaciones y Estudios
Superiores en Antropología Social, Ediciones Coyoacán, 2006.</p>
<p>AZAOLA Garrido, Elena y RUIZ Torres, Miquel Ángel.
<bold>Investigadores de papel. Poder y derechos humanos entre la policía
judicial de la ciudad de México</bold>. México: editorial Fontamara,
2009.</p>
<p>AZAOLA Garrido, Elena y RUIZ Torres, Miquel Ángel. ‘De este delito
por el que vengo’ Historia de vida de policías sentenciados por
secuestro en la penitenciaria de Santa Martha Acatitla. <bold>Sistema
Penal Revista de Ciencias Penales</bold>, núm. 7, México: editorial
Ubijus, 2010, pp. 13-47.</p>
<p>BAILEY, John. <bold>Crimen e impunidad. Las trampas de la seguridad
en México</bold>. México: Penguin Random House Grupo editorial,
2014.</p>
<p>BERGMAN, Marcelo. <bold>Seguridad Pública y Estado de México.
Análisis de algunas iniciativas</bold>. México: editorial Fontamara,
2007.</p>
<p>BRISCOE, Ivan. Evolución histórica de los nexos entre política,
delito y economía en América Latina. In: BRISCOE, Ivan et al (ed.).
<bold>Redes Ilícita y Política en América Latina</bold>. Estocolmo: IDEA
Internacional, NIMD e Instituto Clingendael, 2014.</p>
<p>CASAR, María Amparo. Las bases político-institucionales del poder
presidencial en México. <bold>Política y Gobierno</bold>, Vol. III, núm.
1, México: CIDE, 1996, pp. 61-92.</p>
<p>DAVIS, Diane E. Undermining the Rule of Law: Democratization and the
Dark Side of Police Reform in Mexico. <bold>Latin American Politics and
Society</bold>, vol. 48, núm. 1, Cambridge, 2006, pp. 56-86.</p>
<p>GONZÁLEZ Ruiz, Samuel ET AL. <bold>Seguridad Pública en México.
Problemas, perspectivas y propuestas</bold>. México: UNAM, 1994.</p>
<p>HERNÁNDEZ Rodríguez, Rogelio. <bold>El centro dividido. La nueva
autonomía de los gobernadores</bold>. México: El Colegio de México,
2008.</p>
<p>LOUBET DE BAYLE, Jean-Louis. <bold>La policía. Aproximación
sociopolítica</bold>. Madrid: Acento Editorial, 1998.</p>
<p>MERINO, Mauricio. <bold>La profesionalización municipal en
México</bold>. México: Centro de Investigación y Docencia Económicas
(CIDE), 2006.</p>
<p>PANSTERS, Wil y CASTILLO Berthier, Héctor. Violencia e inseguridad en
la ciudad de México: entre la fragmentación y la politización.
<bold>Foro Internacional</bold>, Vol. XLVII-3, número 189, El Colegio de
México, 2007, pp. 577-615.</p>
<p>SABET, Daniel M. <bold>Police Reform in Mexico. Informal Politics and
the Challenge of Institutional Change</bold>, USA: Stanford University
Press, 2012.</p>
<p>SCHANTZ, Eric Michael. Surcando un hábito doméstico: La expansión
interna del mercado de opiáceos y marihuana en México, 1936-1953. In:
TRUJILLO Bretón, Jorge Alberto (coord.). <bold>Voces y memorias del
olvido. Historia, marginalidad y delito en América Latina</bold>.
Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 2015.</p>
<p>SILVA Forné, Carlos. <bold>Policía, encuentros con la ciudadanía y
aplicación de la ley en ciudad Nezahualcóyotl</bold>. México: UNAM,
Instituto de Investigaciones Jurídicas, serie Estudios Jurídicos,
2011.</p>
<p>SUÁREZ de Garay, María Eugenia. <bold>Los policías: una averiguación
antropológica</bold>. Guadalajara: Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Occidente (ITESO) y editorial CUCSH-UdeG, 2006.</p>
<p>TAMEZ, Macedonio. <bold>Política y corrupción. La crisis de
inseguridad en México</bold>. México: editorial Planeta, 2016.</p>
<p>VILLARREAL, Andrés. Political Competition and Violence in Mexico:
Hierarchical Social Control in Local Patronage Structures.
<bold>American Sociological Review</bold>, Vol. 67, No. 4, 2002, pp.
477-498.</p>
<p>ZEPEDA Lecuona, Guillermo. <bold>La policía mexicana dentro del
proceso de reforma del sistema penal</bold>. México: Centro de
Investigación para el Desarrollo A.C. (CIDAC), 2010.
<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://cidac.org/esp/uploads/1/La_polic__a_mexicana_dentro_del_proceso_de_reforma_del_sistema_penal_PDF.pdf">http://cidac.org/esp/uploads/1/La_polic__a_mexicana_dentro_del_proceso_de_reforma_del_sistema_penal_PDF.pdf</ext-link></p>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <p>Un resumen de los hechos puede verse en la nota que publicó el 17
    de agosto de 2019, el diario <italic>El País</italic>, titulado:
    <italic>Cientos de mujeres gritan su hartazgo ante una serie de
    denuncias por violación en México,</italic>
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://elpais.com/internacional/2019/08/17/actualidad/1565995704_860522.html">https://elpais.com/internacional/2019/08/17/actualidad/1565995704_860522.html</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <p><italic>La Jornada</italic>, 12 de agosto de 2019,
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.jornada.com.mx/ultimas/capital/2019/08/12/policias-vinculados-a-violacion-concentrados-pero-no-imputados-ssc-8299.html">https://www.jornada.com.mx/ultimas/capital/2019/08/12/policias-vinculados-a-violacion-concentrados-pero-no-imputados-ssc-8299.html</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <p>Veáse entre otros a: Suárez, 2006; Bergman, 2007; Zepeda, 2010,
    Silva, 2011 y Sabet, 2012.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <p>Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad
    Pública. Véase:
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://politica.expansion.mx/mexico/2019/10/21/carecen-de-policia-650-municipios-otros-cuentan-con-menos-de-15-elementos">https://politica.expansion.mx/mexico/2019/10/21/carecen-de-policia-650-municipios-otros-cuentan-con-menos-de-15-elementos</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <p>Agradecemos a la “Oficina de Investigación y Difusión” de la PMG,
    por proporcionarnos copias de los órdenes del día que aquí se
    analizan.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <p>Entre otros, González et al, 1994; Casar, 1996, Villarreal, 2002
    y Hernández, 2008.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <p>En México ningún gobernante tiene la obligación de mantener en el
    puesto a los jefes policiales de un anterior gobierno ni las
    asignaciones de puestos que realiza generan derechos laborales de
    permanencia más allá de su mandato de gobierno. Por mantener este
    estado de cosas se cuenta con los nombramientos laborales
    denominados “de confianza”. Todo jefe policial, y en general todo
    policía en el país, tiene un nombramiento laboral de este tipo, lo
    que entre otras cosas los priva de derechos laborales que los
    “nombramientos de base” sí tienen. Los empleados de confianza se
    dividen a su vez en empleados de alto nivel y empleados de medio
    nivel. Los primeros, al final de la administración o cuando su jefe
    deja el puesto, generalmente se mueven de la institución o
    dependencia donde laboran, lo que genera un constante movimiento de
    personal de gobierno de alto nivel que se queda sin trabajo, pues,
    como lo consigna Merino (2006), cada tres años el 95% de los
    funcionarios de confianza de mayor jerarquía en el país son
    rotados.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <p>Por ello es que Zepeda (2010), afirma que en México muchos
    directores policiales pasan hasta una cuarta parte de su gestión
    buscando oportunidades de trabajo en otras instituciones públicas
    para cuando tengan que dejar el puesto.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <p>Se puede observar que cuando la salida de un jefe policial
    obedece a un ascenso a promoción de su carrera política -como
    hacerse cargo de otra institución pública o buscar una candidatura
    de elección popular-, las líneas de influencia y protección política
    no sufren fuertes alteraciones y, por lo tanto, no hay muchos
    cambios de mando. En estos casos lo que se observa es que los
    cambios en los puestos de mando son mínimos. Por lo común todas las
    posiciones continúan estando protegidas y amparadas por las
    autoridades gubernamentales en turno. Por el contrario, cuando hay
    cambio de administración –y más aún si el nuevo gobierno proviene de
    un diferente partido al saliente-, o cuando el jefe policial es
    destituido o expulsado de la institución por un escándalo público,
    es común que un mayor número de titulares en puestos de mandos sea
    cambiado.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <p>Este porcentaje se observa al comparar los titulares de puestos
    de mando que se registraron en el “orden del día” del 30 de
    septiembre de 2015 -cuando el jefe policial era José Ángel Campa
    Molina, bajo una administración municipal del <italic>PRI</italic>-,
    con los titulares de los puestos de mando del “orden del día” de la
    primera semana de febrero del 2016, correspondiente a la
    administración municipal entrante del partido <italic>Movimiento
    Ciudadano</italic>, cuyo jefe de policía era Salvador Caro
    Cabrera.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <p>Como casos que apoyan lo que aquí se afirma podemos mencionar al
    presidente municipal de Ciudad del Carmen (Campeche), quien en
    octubre del 2015 afirmó que había designado a Guillermo Zayas
    González (involucrado en un proceso penal) como director de la
    policía por recomendación del comisionado nacional de seguridad,
    Renato Sales Heredia (<italic>La Jornada</italic>, 6 de octubre de
    2015, p. 25). Este caso es parecido al del alcalde de Iguala en
    funciones en el año 2015, quien ante cuestionamientos por designar a
    Crisóforo Tinoco Bahena como jefe policial del municipio -quien
    había sido cesado en 2013 por atacar a policías de otro municipio y
    se le relacionó con el cártel Guerreros Unidos-, señaló que “muchos
    de los nombramientos son por compromisos de campaña, por lo que dijo
    que no son nombramientos definitivos por tres años”
    (<italic>Excélsior</italic>, 30 de septiembre de 2015)</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <p>Véase, por ejemplo, a Alvarado, 2012; Sabet, 2012, y Bailey,
    2014.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <p>Lo cual no quiere decir que no lleguen a ser detenidos y acusados
    de cometer crímenes por otras instancias de justicia. Recientemente,
    el titular de la Secretaría de Seguridad Pública durante el gobierno
    del presidente Felipe Calderón (2006-2012) fue detenido en USA
    acusado de haber colaborado con el Cártel de Sinaloa, y el
    expresidente afirma reiteradamente que su gobierno nunca tuvo
    información sobre tales actos. Véase:
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mi-gobierno-no-conocia-los-nexos-de-garcia-luna-con-el-narcotrafico-calderon">https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mi-gobierno-no-conocia-los-nexos-de-garcia-luna-con-el-narcotrafico-calderon</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <p>El grupo más conocido entre los analistas de los estudios
    policiales en México es el denominado <italic>La Hermandad</italic>,
    con presencia desde los años setenta en la capital del país (véase
    Pansters y Castillo, 2007); sin embargo, ha habido denuncias de
    otros conformados fuera de la capital del país. Por ejemplo, en la
    ciudad de Guadalajara en el año 2000 aparecieron varias notas
    periodísticas donde el director de la policía tapatía denunciaba la
    existencia de grupos de poder que controlaban a los policías,
    “fuerzas oscuras que ambicionan el poder dentro de la corporación”,
    señalaba en aquella ocasión. Aunque nunca demostró la existencia de
    tales grupos sí justificó con ello el cambio de mandos en la
    corporación, incluyendo al director y al subdirector operativo
    (véase el periódico <italic>El Mural</italic>, 24 de noviembre de
    2000). Más recientemente, el secretario de gobierno de Tabasco, Raúl
    Ojeda Zubieta, denunció que durante administraciones pasadas se
    crearon mafias al interior de la Policía del Estado, quienes a
    través de revueltas imponían a mandos. Esto lo señala después de
    casi 15 días de paro de los policías estatales, quienes demandaban
    mejores condiciones salariales y laborales (véase <italic>La
    Jornada</italic>, 28 de marzo de 2014, p. 13 y <italic>El Heraldo de
    Tabasco</italic>, 31 de marzo de 2014).</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <p>Los recientes arrestos de gobernadores, jefes y mandos policiales
    a lo largo y ancho del país, así como la toma de muchas policías
    locales acusadas de estar infiltradas por criminales, las más de las
    veces han sido golpes mediáticos contra los opositores políticos. En
    la mayoría de casos no se ha logrado demostrar delito alguno o han
    consignado sólo a unos pocos policías. Por ejemplo, de las 14
    policías municipales jaliscienses intervenidas entre el 2014 y marzo
    de 2018 acusadas de trabajar para criminales, sólo 54 policías han
    sido acusados de vínculos con la delincuencia organizada. Véase
    <italic>El Informador</italic>, 13 de marzo de 2018.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <p>Así, en octubre de 2016, la organización ciudadana <italic>Causa
    en Común</italic> denunciaba que según datos oficiales más de 28 mil
    policías reprobados en el país –que equivalen al 9.2% del total-
    seguían laborando. Véase:
    http://www.animalpolitico.com/2016/10/mas-28-mil-policias-mexico-no-aptos-cargo/</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <p> La diferencia de sueldo entre un policía municipal que ocupa el
    primer eslabón de la jerarquía y el último puede ser de más del
    400%, como ocurre en los casos de las policías de los municipios de
    Zapopan y Guadalajara. Véase el documento elaborado por la Agencia
    Metropolitana de Seguridad, titulado “Homologación salarial y
    condiciones laborales para las policías del AMG, 2019”, que se puede
    descargar en:
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.dropbox.com/s/nxdbqtdseqm4hne/00%20PH%20INTEGRADO.pdf?dl=0&amp;fbclid=IwAR2Gq1V-AdJzc61_cFxfBoG9ghGMTIHi9IMoR5hGXZ1EPMdCiHYY0oK87LY">https://www.dropbox.com/s/nxdbqtdseqm4hne/00%20PH%20INTEGRADO.pdf?dl=0&amp;fbclid=IwAR2Gq1V-AdJzc61_cFxfBoG9ghGMTIHi9IMoR5hGXZ1EPMdCiHYY0oK87LY</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <p>Es común la desaparición o creación de unidades, cuerpos
    especializados, grupos de apoyo, o la reconfiguración de zonas o
    áreas de vigilancia, con lo cual las corporaciones policiales
    reducen o acrecientan los puestos de mando.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <p>Para compensar la responsabilidad que tiene un policía de grado
    inferior al cargo superior al que fue habilitado se le otorgan
    apoyos económicos al salario, por lo común de manera discrecional y
    secreta, aunque en los últimos años algunos gobiernos intentan
    transparentar y reglamentar, como es el caso de la PMG. Véase,
    <italic>Gaceta Municipal del Ayuntamiento de Guadalajara</italic>,
    <italic>Suplemento.</italic> Tomo IV. Ejemplar 9. Año 91. 6 de
    agosto, 2008.
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://transparencia.guadalajara.gob.mx/sites/default/files/GacetaTomoIVEjemplar9Agosto6.pdf">https://transparencia.guadalajara.gob.mx/sites/default/files/GacetaTomoIVEjemplar9Agosto6.pdf</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <p>Los reglamentos policiales tienen varios artículos que otorgan
    autoridad para mandar y sancionar de acuerdo al grado que se
    ostente. Así también existen valores y principios de reconocimiento,
    subordinación y respeto sobre los policías con grado y mando, como
    muchos observadores de las instituciones policial han podido dar
    cuenta; entre otros Azaola, 2006; Suárez de Garay, 2006 y Sabet,
    2012.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <p>No se toman en cuenta los 580 policías terceros -también
    conocidos como “ayudantes del jefe del polígono”, “ayudantes del
    responsable de turno” o “ayudantes del supervisor” o “ayudantes del
    capitán”-, que representan el último escalón de la pirámide en rango
    de superior jerárquico. Aquí solo queremos destacar aquellos rangos
    superiores que tienen poder para sancionar y que se encuentran
    contemplados en las “órdenes del día”. Los policías terceros no
    cuentan con poder para sancionar ni los contempla el “orden del
    día”, ya que su designación es atribución discrecional de los mandos
    medios.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <p>Según datos proporcionados en el 2010 por el Senado de la
    República, 195 municipios -8% del total que existen en el país-
    estaban en ese entonces bajo la “hegemonía total” de los
    narcotraficantes (en Briscoe, 2014, pp. 41-42).</p>
  </fn>
</fn-group>
</back>
</article>
